Karla Alejandra's profileKarla AlejandraPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    December 27

    Estrellitas

    Manejada por una necesaria diligencia, aun en aquella noche fresca y en su mundo perfecta para expresar el idilio que venía guardando de hace tiempo, se conformó con sonrisas, con instantes secretos, pues no es aceptable revelar el sentimiento surgido. Y perdida en la música, colores, y espacio, fantaseaba con momentos que su mente creaba  y la hacía estremecer, sonreír. Durmió y soñó con su boca. Y voló.

     
    December 01

    Abstracteando

                Empecemos de manera diferente. Comencemos por relatar la historia, o la actitud meramente libertina: Se cierra una puerta, con una persona dentro quien juega a no saber qué pasa, pero analiza el sentimiento con el que despertará. Porque nunca ha sabido actuar de forma desviada, nunca aprendió a no importarle nada; perfecciona la compasión y es experta en ofrecer nobles sentimientos. Pero en el momento recóndito surge un idilio y recuerda una canción que le repite “Tengo una idea no me hables de ti, y mucho menos de tu pasado. Algo en tus labios color carmín sugiere que vayamos al grano.” Gana la avidez en esa ocasión, aunque fuera solo temporal como ya lo tenía previsto, donde unos labios comparten con los suyos palabras calladas y que unos brazos envuelven su frio. Y sin preguntar más ni menos, encuentra el momento deseado, el beso escurridizo, olvidando el prurito que suele exigir su corazón.

                Este lunes amaneció frio y yo con tremenda afonía, y bueno, el frio me hizo pensar en algunos detalles. Saliendo de Starbucks con mi chocolate caliente, después de empezar un nuevo libro ya que termine el anterior, pensé para mí misma en el “amar.” Es que últimamente se me han como volteado los cables, pues entendía yo que en cada relación uno jura estar enamorado pero al empezar una nueva uno se da cuenta que no tiene idea lo que es amar, y bueno se concluye que cada vez amamos mas y de mejor manera. Sin embargo, empiezo a sentir un descenso sentimental, que cada vez es más difícil, al grado que no se si sea posible de nuevo, como si fuera occiso, de plano. Es ya como una ecuación donde actos, observaciones, y experiencias colectivas formulan un imposible.

                Si no hubiera sido por el abrazo cálido e interminable estaría ella en un desasosiego. Se da cuenta que sigue siendo una romántica sin remedio y que requiere de instantes tiernos y mimosos para llenar su corazón de calorcito. Más que nada, eso es lo que recuerda, es su parte favorita. Haber sido envuelta, abrazada por horas y horas al dormir, y al despertar. Consciente de la realidad, deposita su presente con los ojos cerrados, contemplado su acompañante, sonriendo con cierta paz. “Somos lo que somos, estamos solos y nos entendemos a lo lejos. Somos los que somos, estamos todos desunidos pero queremos amor,” es la frase de una canción que merece reconocimiento para su momento.

                Tal vez eso es, nadie sabe lo que quiere y a la vez se mueren por tener precisamente eso: lo desconocido. Por encontrar instantes donde todo otorga luz verde a toda circunstancia, a todo acto, para justificarnos, para llenarnos o vaciarnos, para encontrarnos, para perdernos, para explicar, para confundir, para vivir de prisa, para morir lentamente, para cansarnos, para después de adquirir un alud de experiencias tener bien definido lo que hay que buscar, lo que somos, lo que merecemos. Aceptando, también, las consecuencias de arrojarnos a la vida, como un rio rápido donde te metes por adrenalina sin saber contra cuantas rocas te estrellaras, ni cual será tu condición al llegar al final.

                Se levanta y despide, se cunde una inefable ingenuidad. Que a pesar de haberse, según ella, preparado mentalmente, no es sorpresa que su perdurable esencia la obliga a sentirse así: sensible e inocente, confundida, esperanzada a infundir cariño, amor. Es acompañada hasta la puerta, ambos con timidez, con un suave desconcierto. Un beso, un adiós, y los días que vienen que no se detienen, y sabe ella ya que hay que mirar el porvenir con tranquilidad. Se miran de hito en hito, comparten una sonrisa extraordinaria, y la imagen la guarda en el corazón. Da la vuelta y camina alejándose… esta vez no quiere ser intensa. Jura que no.

                Y cuando te descubres escribiendo por dos horas una entrada (casi ensayo) de acontecimientos en tercera persona, lo único que uno puede hacer es preguntarse todo lo expresado.